Nota del editor: Algunas entrevistas para esta historia se realizaron en inglés y luego se tradujeron al español.
A lo largo de la historia, las mujeres viviendo en el área fronteriza entre Estados Unidos y México, han sido testigos de múltiples cambios en políticas y prácticas relacionadas con la salud reproductiva. Durante los últimos años, cambios en políticas de migración y salud han incrementado la vulnerabilidad de mujeres migrantes y racializadas a injusticias reproductivas.
La justicia reproductiva fue definida por primera vez por feministas afroamericanas en 1994, como el derecho a tener o no tener hijos, y poder criar a los hijos que se tengan, en un ambiente sano y seguro. En este contexto, la profesora Lina-Maria Murillo del departamento de estudios de la mujer, género y sexualidad en UT Austin, mencionó que la injusticia reproductiva es cualquier ataque a esos tres derechos.
Murillo define como injusticias reproductivas, situaciones en las que madres son separadas de sus hijos o perseguidas por su reproducción, esto último al ser acusadas de cruzar la frontera para obtener la ciudadanía estadounidense de sus hijos a través del derecho de nacimiento.
“Tomé esa decisión de venir a tener a mi hijo en este país para que el día de mañana él pudiera elegir entre vivir y trabajar y estudiar en uno o en otro país”, mencionó una entrevistada, quien prefirió permanecer en el anonimato debido al clima político actual, que cruzó la frontera durante su embarazo hace aproximadamente 20 años. De esta manera ella ejerció su derecho a elegir las condiciones en las que sería madre. “Pienso que corrí con mucha suerte. Las cosas no eran tan estrictas hace 20, 21 años y todo sucedió bien”, añadió.
En la actualidad, la alta militarización de la frontera, en conjunto con restricciones en el acceso a la salud y estrictas políticas de migración, han incrementado prácticas que perpetúan estas injusticias, explicó Murillo. De acuerdo con la profesora, el estrés causado por la constante vigilancia de inmigración en comunidades latinas donde ha habido redadas masivas, ha resultado en partos prematuros y una reducción en olas de natalidad. Además, dijo que las intensas leyes anti-aborto han dificultado a los médicos proporcionar cuidados reproductivos completos.
Murillo añade, “clínicas que una vez ofrecieron servicios de aborto como parte de muchos otros servicios, como atención materna, prenatal, posnatal y otros tipos de atención ginecológica, tuvieron que cerrar”. El Instituto de Políticas de Equidad de Género reportó que en 2023, la mortalidad de madres latinas en Tejas era aproximadamente 28 muertes maternas por cada 100,000 partos; el triple que California donde se proporcionan fondos para cuidados reproductivos.
La mortalidad materna también es influenciada por la cantidad de cesáreas realizadas. De acuerdo con KKF, un factor de aumento, podría ser el uso de calculadoras obstétricas que utilizan etnicidad para determinar una menor probabilidad de éxito en partos de mujeres racializadas. Las cesáreas tienen un riesgo de muerte 10% mayor que los partos naturales, aumentando así, la mortalidad materna en mujeres hispanas y afroamericanas.
La profesora asistente de historia de la medicina y Latinoamérica en UCLA, Elizabeth O’Brien, explicó que en México del siglo XIX se desarrolló una retórica de jerarquía racial, en la que personas indígenas no eran adecuadas para dar a luz naturalmente. “Esto se integra en todo tipo de ciencia obstétrica, especialmente en Estados Unidos”, dijo la profesora.
Esta combinación de factores ha aumentado una dinámica que ha existido por décadas, de acuerdo a Murillo. Donde personas viajan a México en búsqueda de una variedad de cuidados de salud más baratos, completos y accesibles. Sin embargo esta opción no está disponible para todos y en México también existen retos en el acceso a la atención médica.
Un estudio de 2025, explica las múltiples barreras estructurales que mujeres embarazadas enfrentan en el área mexicana de la frontera. Desde la negación a la atención médica y falta de recursos, hasta violencia y falta de seguridad, son varios los factores que dificultan el acceso a cuidados prenatales en ciudades como Matamoros, Reynosa o Tijuana.
Finalmente, Eunice Rendón, coordinadora de agenda migrante, explica que las mujeres migrantes son especialmente vulnerables durante el proceso migratorio. Desde la salida, que puede ser impulsada por factores de violencia familiar y violaciones a sus derechos, hasta su destino final, donde también son víctimas de violencia institucional. “Hemos visto mujeres que ya estando en Estados Unidos y con parejas estadounidenses, las amenazan que les van a quitar los hijos etcétera, amenazándolas con su estatus migratorio” dijo Rendón.
