Nota del Editor: Este artículo fue escrito originalmente por Natalia Molina el 30 de marzo de 2026 y traducido al español por Ariana Miranda.
Cuando Emily Gonzalez comenzó la universidad, ella se sintió abrumada por el gran campus y la vida urbana de la UT y le costó encontrar su propia comunidad. Debido a que no tenía espacios donde pudiera expresar su orgullo como estudiante hispana, Gonzalez dijo que a menudo reprimía su identidad.
“No veía ni tenía tantos amigos hispanos al principio”, dijo Gonzalez, estudiante de último año en estudios de Raza, Indigenidad y Migración. “Pensé: ‘Tal vez debería asimilarme a lo que veo aquí’… y, al ser yo de primera generación, no sabía cómo se suponía que debía actuar”.
Esto cambió cuando se unió a la organización estudiantil de “Minority Women Pursuing Law”. Como estudiante de “pre-law”, Gonzalez dijo que la organización le ayudó a hacer amistades y a orientarse en su carrera universitaria. Luego añadió una especialización secundaria en Estudios México-Americanos y Latinos, donde descubrió el edificio Gordon-White, que alberga el departamento. Allí fue introducida la despensa de alimentos “La Tiendita” y tuvo la oportunidad de conectarse con profesores y otros estudiantes dentro del departamento. Gonzalez expresó su deseo de que la universidad fuera más clara y accesible al informar sobre los recursos y organizaciones en el campus dirigidos a estudiantes hispanos.
“Siento que, a lo largo de toda mi experiencia, eso no se presentó ni se mencionó suficientemente”, dijo Gonzalez.
Un estudio de 2023 en el “Journal of Counseling Psychology” encontró que los estudiantes hispanos en la educación superior pueden experimentar estrés cultural, lo cual perjudica su salud mental, su rendimiento académico y la finalización de sus estudios más que a sus compañeros blancos. Según el estudio, esto también puede llevar a los estudiantes hispanos a sentir que no pertenecen.
UT alcanzó el título de Institución al Servicio de los Hispanos (HSI, por sus siglas en inglés) en el otoño de 2020. El gobierno federal define a las HSI como colegios y universidades con estudiantes de pregrado de tiempo completo que es, al menos, un 25% hispanos. UT alcanzó este umbral en 2020, con una matrícula de estudiantes hispanos de pregrado del 27%. Desde entonces, el número ha aumentado al 28% para el semestre de otoño de 2025.
Seis de las 14 instituciones dentro del sistema de UT, incluyendo a UT, son consideradas HSI. Un total de 112 instituciones en Texas están reconocidas por la “Hispanic Association of Colleges and Universities”, según un estudio de 2023-24. El 40,3% de la población del estado se identifica como hispana.
La designación como HSI permite a las instituciones calificar para subvenciones y financiamiento competitivo, como el programa de subvenciones federales del Título V de la Ley de Educación Superior. Tanto en 2023 como en 2024, la UT fue elegible para estas subvenciones, pero no recibió financiamiento. En 2024, la UT quedó exenta por solicitud, según informó el Departamento de Educación. El año pasado, el gobierno retuvo los fondos destinados al programa HSI como parte de una iniciativa más amplia para terminar la financiación de los programas para instituciones que sirven a minorías, financiación que el Departamento de Educación considera discriminatoria, según se indicó en un comunicado de prensa publicado el pasado mes de septiembre.
El Comité de Transición para Instituciones al Servicio de los Hispanos nació en 2020 bajo la dirección del entonces presidente de la universidad, Greg Fenves, poco después de que la universidad obtuviera la designación. El comité se constituyó con el fin de ayudar a la UT a elaborar un plan de transición que implicaba la búsqueda de subvenciones elegibles y el establecimiento de objetivos, así como la creación de un marco para el liderazgo futuro, señaló Victor Saenz, quien formó parte del comité desde su creación hasta 2021.
El comité elaboró recomendaciones para fomentar un sentido de pertenencia estudiantil, fortalecer la comunidad, aumentar las oportunidades para que los estudiantes prosperen en la UT y aprovechar subvenciones destinadas a su población estudiantil hispana, según el plan.
“Ese informe constituyó nuestro primer esfuerzo por captar realmente una gran diversidad de perspectivas de datos y de partes interesadas, con el fin de proporcionar a la Universidad una especie de hoja de ruta al iniciar este camino para convertirnos en una HSI”, afirmó Sáenz.
Al principio de ese mismo año, la Universidad recibió reconocimiento “Seal of Excelencia” de la organización “Excelencia in Education”, el cual reconoce a las instituciones que sirven intencionalmente a su población estudiantil hispana mediante el uso de datos, prácticas basadas en evidencia y liderazgo. Esto se mide a través de las tasas de matrícula, retención y transferencia, el apoyo financiero y la representación dentro del cuerpo docente, según el sitio web de la organización.
UT fue certificado a través del programa para el periodo 2023-2025, pero no se recertificó este año.
El plan de transición utilizó el marco del “Seal of Excelencia” como guía para crear recomendaciones destinadas a garantizar la atención a la población hispana, el estudiantado, el cuerpo docente y la infraestructura general de la Universidad.
“Yo pienso que servir verdaderamente implica atender la realidad de la experiencia vivida de todos nuestros estudiantes, con un enfoque especial en quienes necesitan más apoyo”, dijo Saenz.
Posteriormente, bajo la dirección del expresidente Jay Hartzell, se creó el Comité Directivo Presidencial para Instituciones al Servicio de los Hispanos con el fin de implementar partes del plan de transición durante los años académicos 2021-2022 y 2022-2023, según Saenz. Esto incluyó la presentación de una propuesta de subvención bajo el Título V, la cual la universidad no recibió, y la recertificación para el “Seal of Excelencia” en 2023. Saenz señaló que la mayor parte del progreso estuvo relacionada con la construcción de comunidad y la participación estudiantil.
En 2024, entró la Ley del Senado 17, que prohíbe las oficinas y programas de diversidad, equidad e inclusión. Posteriormente, el comité se reunió cada vez menos hasta dejar de reunirse al final del semestre de primavera de 2024.
“Creo que el momento actual que atravesamos está generando un mayor escrutinio y haciendo más difícil para las instituciones que son HSI en estados como Tejas puedan continuar con este trabajo, aunque sea con buenas intenciones, pero haciéndolo de maneras que cumplan plenamente con la ley”, dijo Saenz.
Un portavoz de la universidad señala que los esfuerzos descritos en el plan se iniciaron bajo la gestión de un presidente diferente y que las prioridades administrativas evolucionan.
Exalumno Daniel Acosta comenzó a enseñar en el departamento de postgrado de farmacología y toxicología de la UT en 1974. Más tarde se convirtió en el primer decano hispano de farmacia entre las universidades de investigación intensiva en todo el país en el “University of Cincinnati Medical Center”. Durante sus 22 años en la UT, Acosta observó que muchos de sus estudiantes de posgrado hispanos lo eligen como su asesor académico; según relato, comprendió entonces lo importante que era esa representación para los estudiantes en el campus.
“Estos estudiantes me veían como una persona de color en el sentido de ser hispano, y sabían que eso era importante”, dijo Acosta. “Necesitamos más personas de color y más diversidad, para que los estudiantes tengan más opciones”.
Tras dedicarse a la docencia, Acosta regresó a la UT para formar parte del consejo asesor del decano, donde dijo que abogó fuertemente por aumentar el número de profesores hispanos en la Facultad de Farmacia.
El otoño pasado, Acosta intentó crear una beca en la universidad para ayudar a estudiantes hispanos que quieren convertirse en profesores. Sin embargo, la Universidad y Texas Exes rechazaron aceptar su donación de $100,000. Acosta dijo que le informaron que esto se debía a la ley SB 17.
“La gente siempre decía que necesitábamos aumentar la diversidad”, dijo Acosta. “Ahora, se ha convertido en una mala palabra. Ni siquiera se puede usar”.
Al igual que Gonzalez, la estudiante de segundo año de historia Lola Ochoa Guerrero comenzó su experiencia universitaria buscando dos cosas: comunidad y familia. Decidida a crear un espacio tanto para la comunidad hispana como para la latina, el otoño pasado, siendo estudiante de segundo año, Guerrero reactivó la Asociación de Estudiantes Hispanos y Latinos en el campus.
“Me encanta ver cómo todos se hacen amigos entre sí y ver el impacto que esto tiene en el campus”, dijo Guerrero. “Para que (la cultura) prospere, necesitas celebrarla…Me hace muy feliz que la gente esté entusiasmada por celebrar nuestra cultura”.
Se espera que la inscripción de estudiantes hispanos aumente a 4,4 millones para el año 2030, según la “Asociación Hispana de Colegios y Universidades”. Saenz dijo que cree que también debería intensificarse el enfoque en la asignación de recursos para el éxito y el apoyo de los estudiantes.
“Ser una HSI no disminuye las identidades de los demás, ni tampoco la identidad institucional”, dijo Saenz. “Simplemente es una manera de reconocer, de forma proactiva, que debemos hacer lo correcto por todos nuestros estudiantes, especialmente por aquellos que podrían necesitar apoyo adicional”.
