Nota del Editor: Este artículo se publicó por primera vez el 16 de febrero de 2026 por Isha Thakkar, y fue traducido al español por Coral Cantu.
La manera más fácil de terminar una conversación hoy en día no es discutir, sino bromear. En los espacios de la generación Z, el desdén se ha convertido en un acto performativo de la adultez. Esto ha hecho que la atención, la vergüenza y el pensamiento crítico sean “hacer demasiado”.
Si eres un estudiante de la Generación Z, probablemente ya has escuchado estas frases antes:
“No es tan profundo”
“Solo pon las papas en la bolsa”
“Las cortinas solo eran azules”
“Esto ni siquiera es un problema”
Estas frases han invadido el sentido del humor de esta generación, pero ¿en qué punto la ironía se convierte en rechazo para involucrarse en pensamientos profundos? Los chistes inofensivos se han convertido rápidamente en la guerra de la Generación Z contra el intelectualismo.
Esta tendencia de desestimar conceptos a través del humor ha hecho que preocuparse por las cosas sea anticuado, algo que refleja la epidemia de “indiferencia” que enfrentan los jóvenes hoy en día. Este pensamiento ha crecido en paralelo con el auge de los medios digitales de formato corto. Los adolescentes pasan en promedio más de ocho horas al día consumiendo contenido digital, la mayoría diseñado para clics rápidos, en lugar de para la reflexión. Cuando la información es presentada en intervalos de treinta segundos, el pensamiento crítico empieza a sentirse poco natural.
El desapego se presenta, de alguna manera, como madurez y la gente se burla de aquellos que intentan pensar seriamente. Esta cultura, que avergüenza cualquier tipo de esfuerzo, causa que a los estudiantes les guste menos levantar la mano en el salón de clase. Esto hace que las personas sean menos propensas a entablar conversaciones reales con sus amigos o debatir sobre política y alfabetización mediática. Esto hace que encogerse de hombros sea más seguro que equivocarse.
“Yo pienso que parte del problema … luce (cómo) estar describiendo una generación de personas cínicas, que están desencantadas”, dijo el profesor de retórica y escritura, Jason Badgley.
Badgley sugirió que la Generación Z, en general, tiene una mentalidad bastante nihilista. Posiblemente debido a los tiempos difíciles en los que hemos sido criados, nos hemos convertido en un grupo de jóvenes adultos que piensan que no importa nada y que no tiene sentido preocuparse. Badgley dijo que intenta no generalizar, pero a menudo siente que esto se refleja en la mentalidad que tienen sus estudiantes.
“Lo que veo en mis alumnos es que todo lo que quieren es que les sellen su boleto”, dijo Badgley. “Solo quieren su calificación”.
La capacidad de confiar en tu propia intuición está siendo erradicada de los seres humanos. La gente no quiere salir del grupo ni ir contra la corriente.
“Yo siento que es más como algo de mentalidad”, dijo la estudiante de tercer año de finanzas Aleena Afzaal. “Los profesores ya dejan claro que pueden hacer preguntas, pero los mismos estudiantes no quieren exponerse”.
Una encuesta del CDC reporta que adultos jóvenes entre 18 y 29 años tienen más probabilidad de presentar síntomas de depresión y ansiedad. Una época donde todo parece grabado y observado exacerba esto, haciendo que las personas sean menos propensas a exponerse intelectualmente.
Los jóvenes del mundo tienen que abandonar la mentalidad de que preocuparse es vergonzoso, antes de que se conviertan en ovejas demasiado temerosas para alzar la voz y expresar sus opiniones. Si no practicamos el pensamiento crítico y no nos preocupamos, seremos fácilmente persuadidos y difíciles de proteger.
“La Generación Z realmente necesita concentrarse y darse cuenta de que solo se vive una vez, y tener esta mentalidad no te llevará a ningún lado”, dijo Afzaal.
Según el Pew Research Center, vamos en camino a ser el grupo de personas más educado de la historia, pero si no cambiamos la forma de pensar, una generación que se burla de los pensamientos no sabrá reconocer cuándo se le miente.
La siguiente vez que alguien te diga “no es tan profundo”, pregúntale por qué no lo es. Habla, por lo menos, una vez en el salón de clase. Lee un artículo a la semana. Empieza con poco y podremos tener éxito.
