Nota del editor: Este artículo se publicó por primera vez el 11 de marzo de 2026 por Abigail Tuscano y fue traducido al español por Isania Olmedo.
La manera en la que reaccionamos cuando cosas trágicas suceden a gente de verdad parece indicativa de una cultura de consumo. Cuando nos enfrentamos a historias de crímenes horrendos como asesinatos, desapariciones, fraudes, violaciones o crímenes cibernéticos, nuestro primer instinto suele ser exigir más detalles – y esperamos que otros junten las piezas por nosotros.
Detectives de internet, transmisores en vivo y psíquicos descienden a la escena del crimen a menudo con poca consideración por la víctima o su familia. Los influencers de redes sociales llevan sus teorías a audiencias de millones de personas con evidencia mínima para apoyar sus afirmaciones a menudo extravagantes. La gente común afirma estar involucrada en el proceso de buscar justicia, y el peor día de alguien se convierte en nuestro misterio, entretenimiento y, a menudo, fuente de ganancias.
De muchas maneras, nuestro consumo de contenido de crimen real es lo que nos hace responder de esta manera.
De acuerdo a un reporte de Edison Research, el 84% de la población estadounidense de 13 años y más son consumidores de crimen real. Este contenido, que va desde podcasts hasta documentales hasta publicaciones de redes sociales, usa una estructura narrativa para examinar los detalles y motivaciones de crímenes de la vida real. Pero a menudo priorizan el sensacionalismo por encima de una narración ética y precisa.
Mary Angela Bock, una profesora de periodismo que apoya el periodismo ciudadano, argumenta que el aumento del acceso a contenido de crimen en línea no significa que la información sea útil, de calidad o ética.
“Si, hay algunas personas que saben lo que están haciendo y les importa”, dice Bock. “Y hay gente que piensa que solo porque han visto procedimientos policiales toda su vida van a ser capaces de resolver el crimen en media hora y es mucho más difícil que eso … Yo creo que más voces (son) buenas, pero también estoy realmente preocupada por un exceso de gente a quien no les importa y no están comprometidos con la ética periodística”.
Ser bombardeados con información sobre los peores crímenes y, por lo tanto, los más “entretenidos” nos hace ver criminalidad e intriga en todas partes. En realidad, el crimen en los Estados Unidos ha bajado y los crímenes que sí ocurren no siempre se alinean con las narrativas sensacionalistas que hemos normalizado. No todas las historias son una novela policíaca apasionante; a menudo el crimen es feo, ordinario y simple.
Pero eso no satisface nuestro deseo por el crimen real y la historia de la víctima y su familia a menudo se pierde dentro de un mar de demandas y especulaciones.
Kate Dawson es una profesora de periodismo de práctica y una podcaster de crimen real. Ella argumenta que la gente podría recurrir a contenido de crimen real por desconfianza a la autoridad, pero a menudo estas fuentes carecen de sensibilidad.
“Tienes que pensar en poner a la víctima primero”, dice Dawson. “No importa el género, de qué grupo estás hablando, la víctima tiene que ir primero. Realmente tienes que considerar no glorificar al asesino”.
Satisfacer nuestra curiosidad morbosa es tentador, pero es importante recordar que a menudo se produce al costo de personas que sufren una verdadera tragedia. Es esencial que nuestro consumo de contenido de crimen real no impacte la manera que tratamos a las víctimas.
Robert Quigley es un profesor de periodismo de práctica que tiene experiencia tanto enseñando una clase sobre la ética del crimen real como produciendo un podcast sobre crimen real. Él ha batallado con las implicaciones éticas del género y la preocupación de que sus propios proyectos puedan causar más daño que bien.
Sin embargo, él sostiene que los medios de crimen real, cuando se hacen correctamente, pueden amplificar las historias de las víctimas quienes han sido ignoradas por el sistema de justicia.
“Todo lo que pido es que la gente pare por un segundo y piense, ‘¿Qué tal si yo (los) conociera?’ Qué pasaría si dijera: ‘Esta es mi familia’ ”. Dijo Quigley. “¿Cómo te sentirías? Y no significa que tengas que decir, ‘Bueno, yo sentiria que no quisiera consumir este contenido nunca más’. Quizás lo desees. Pero solo quiero que digas, ‘¿Acaso celebraría esto? ¿Acaso actuaría como si esto fuera divertido?’ ”
Consumir pasivamente contenido de crimen real no solo cambia la manera en la que vemos el crimen, también afecta a nuestra empatía. Es esencial que pensemos en las implicaciones más amplias de nuestro consumo de medios, que centremos la empatía en nuestras discusiones sobre el crimen y recordemos que las víctimas son personas reales – no personajes para nuestro consumo.
