Nota del editor: Este artículo se publicó por primera vez el 25 de febrero de 2026 y fue traducido al español por Lourdes Fortoul Belausteguigoitia.
El pasado fin de semana del Super Bowl, el artista puertorriqueño Bad Bunny se presentó en el escenario más grande de Estados Unidos. Sin embargo, la gente no debatía sobre su coreografía ni talento musical. En lugar, debatían si pertenecía ahí.
Bad Bunny ha utilizado su plataforma previamente para expresarse sobre temas políticos, y su espectáculo, centrado en su identidad puertorriqueña y cantado completamente en español, causó un gran escándalo incluso antes de que sucediera. Con anticipación irrespetuosa, “Turning Point USA” llegó incluso a organizar su propio “All-American Halftime Show”. Su representante Andrew Kolvet dijo que era “una oportunidad para todos los estadounidenses de disfrutar un espectáculo de medio tiempo con ninguna agenda adicional a celebrar la fe, la familia y la libertad”.
Una semana antes del Super Bowl en los Premios Grammy, muchos artistas utilizaron sus discursos de aceptación para criticar a ICE, provocando comentarios familiares como “hay que dejar la política fuera del entretenimiento”. Adicionalmente, el discurso de aceptación de Bad Bunny despertó muchas críticas por su condena al trato de la administración de Trump hacia los migrantes.
Por lo general, los opositores creen que el escenario de premiación no es el lugar para estas declaraciones. Ellos aseguran que, en el mundo de las artes y entretenimiento, no se debería hablar sobre política. Otros están en desacuerdo.
“No hay precedente histórico de eso”, dijo Nathan Cutietta, profesor de radio y televisión. “Este país fue fundado por personas escribiendo folletos contra el gobierno británico, personas haciendo canciones contra el gobierno británico (y) escribiendo poesía contra el gobierno británico … Está en nuestra fundación que utilizamos el arte para movilizar a la gente y decir lo que queremos”.
Las artes siempre han proporcionado un lugar para las personas no convencionales — un refugio para la expresión e individualidad. Músicos como Billie Holiday, escritores como Oscar Wilde y actores como Mark Ruffalo han utilizado su medio de arte para hacer declaraciones políticas o han usado su escenario para alzar la voz.
“Sin la introducción de diferentes culturas, diferentes políticas, diferentes religiones, antecedentes diferentes, etnias, países, lo que sea, mucho del arte que es tan amado por ambos lados del espectro político no existiría”, dijo Diyaa Dossani, estudiante de segundo año de radio, televisión y cine.
Las artes siempre han sido un espacio para que las personas expresen sus opiniones, y eso es lo que las hace tan interesantes. Sin la intersección de identidad, opinión y cultura, el arte no tendría ninguna substancia. El punto del arte es expresarse a uno mismo. Sin embargo, la gente se puede sentir incómoda al encontrarse con diferentes opiniones.
“No quieren ser confrontados con sí mismos en un momento … donde realmente tienen que retroceder y pensar, ‘Estoy tomando la decisión correcta?’” Dijo Dossani.
Ella notó que, incluso dentro de su especialidad, los estudiantes se sienten menos inclinados a hacer declaraciones fuertes por miedo a ser rechazados o ignorados por ese sentimiento.
“Hay ciertas cosas que puedo y no puedo hacer”, dijo Dossani. “No se habla mucho de ello (y) muchas de esas conversaciones no suceden en público, pero es bien sabido dentro del departamento”.
Bad Bunny, Holiday, Wilde, e incluso Dossani no introdujeron la política a las artes o el escenario del Super Bowl. Siempre ha estado ahí, y el arte no se convierte en político únicamente cuando nos reta. Se convierte en político cuando la gente dice que ciertas identidades e historias no pertenecen.
Aquellos demandando que el arte permanezca neutral no están haciendo un llamado a la paz. Están haciendo un llamado al silencio, y el silencio nunca ha movido a nadie.
