Nota del editor: Este artículo se publicó por primera vez el 9 de marzo de 2026 por Isha Thakkar y fue traducido al español por Analía Marenco.
Miramos en retrospectiva a eventos como el Holocausto, el genocidio de Ruanda y el Movimiento por los Derechos Civiles, y nos preguntamos: “¿Cómo es que la gente pudo quedarse de brazos cruzados y dejar que esto sucediera?”
“En retrospectiva todo se ve más claro”, dijo el profesor de gobierno Derek Epp.
Estas tragedias no ocurrieron sólo por las personas directamente responsables, sino también por quienes fueron cómplices con su silencio, quienes decidieron no involucrarse y eligieron ser espectadores. Para evitar la complacencia, debemos hacer responsables a los demás, incluso cuando son nuestros seres queridos.
Aunque la historia no siempre se repite, sí rima.
Hoy en día, cuando todas las partes del mundo están en crisis, decimos que debemos dejar la política fuera de nuestras vidas personales. Sin embargo, la política no se trata solo de impuestos o de la economía. Es una cuestión de derechos humanos.
¿Quién tiene derecho a casarse? ¿Se recortarán los fondos para los cupones de alimentos? ¿Están protegidos los derechos reproductivos de las mujeres? ¿Están en peligro las vidas de los inmigrantes?
Estas son las preguntas que nos estamos haciendo y no son “solo una opinión”.
“Las opiniones reflejan nuestros valores”, dijo Epp.
Sin embargo, ponemos excusas diciendo que es complicado, que no sabemos lo suficiente sobre el tema o que no queremos arruinar el Día de Acción de Gracias. Quedarnos en silencio parece algo neutral y maduro, pero la historia rara vez recuerda el silencio como neutralidad.
Cuando tu pareja ignora una ley que viola los derechos humanos, cuando tu amigo comparte algo deshumanizante o tu familia habla de ciertos grupos demográficos de manera despectiva, eso no es una diferencia de opinión. Es una diferencia en valores, en la moral, entre lo que está bien y lo que está mal.
Nuestros valores moldean el mundo en el que vivimos. Por eso, no tiene sentido decir “estamos de acuerdo en no estar de acuerdo” cuando las vidas y los derechos de las personas están en juego. El silencio es una decisión que tomamos – una peligrosa. Lo que justificamos en privado se convierte inevitablemente en lo que toleramos en público.
Hacer responsable a la gente no significa discutir intensamente con tu familia o cortar lazos con tus amigos, sino negarse a minimizar problemas, preguntando por qué creen eso y no cambiar de tema ni restarle importancia riendo.
“Es importante … tener conversaciones sanas sobre cosas que son controversiales”, dijo Sia Patel, estudiante de sociología de segundo año.
Actualmente nuestro país está plagado de crisis, y aun así el desinterés político está muy extendido. Tener conversaciones sobre problemas políticos y hacer a la gente a nuestro alrededor responsable es la manera de asegurarnos de que la historia no se repita y de que las generaciones futuras no nos miren y pregunten por qué nos quedamos de brazos cruzados y permitimos que las cosas pasaran.
“Puedes hablar de por qué estos temas son importantes para ti y en la medida en que tú seas importante para ellos, quizá eso tenga un impacto”, dijo Epp.
Con quién sales, de quién eres amigo y de quién decides rodearte es un reflejo de ti mismo. Cuando decimos que no queremos que la política interfiera con nuestras relaciones, lo que realmente queremos decir es que no queremos que requieran valentía.
La valentía es incómoda.
La idea de crear tensión social con nuestros seres queridos puede dar miedo, pero es necesario. Incluso puede fortalecer los vínculos al hablar de temas difíciles.
“A nadie le importa lo suficiente”, dijo Patel. “No estamos lo suficientemente indignados.”
Por supuesto, muchas personas están luchando y resistiendo; esto no es una acusación contra todo el mundo. Sin embargo, la apatía y la evasión siguen siendo realidades peligrosas.
Dentro de algunos años, la gente va a decir que siempre estuvo en contra de todas las injusticias que estamos viviendo. Los sombreros rojos desaparecerán. Las publicaciones compartidas serán borradas. La pregunta es si seremos capaces de romper el patrón y decir que alzamos la voz, incluso cuando nos costó algo hacerlo.
