Este sábado 15 de noviembre, 17.000 personas tomaron las calles de la capital de México para denunciar lo que llaman una “traición” del gobierno mexicano: la promesa de seguridad y oportunidades según muchos de los sentimientos compartidos en redes sociales sobre las protestas.
Jóvenes de la Generación Z marcharon del Ángel de la Independencia al Zócalo, solicitando acciones concretas del gobierno para atender los problemas de violencia e inseguridad que persisten en el país. La marcha fue tanto una protesta contra la violencia, pidiendo justicia por el asesinato del gobernador de Uruapan Carlos Manzo, así como una muestra de su hartazgo y una demanda por un México justo y libre de corrupción.
Carlos Manzo, quien era alcalde de Uruapan desde septiembre de 2024, se había convertido en una de las voces más críticas contra el crimen organizado en Michoacán. Conocido por su postura de “cero tolerancia” y por exigir mayor apoyo federal para enfrentarse a los cárteles, Manzo había denunciado públicamente la colusión entre autoridades locales y grupos criminales. El 1 de noviembre fue asesinado mientras participaba en una celebración del Día de Muertos en el centro histórico de Uruapan, un ataque que conmocionó al país, especialmente porque, antes de ser asesinado, Manzo había solicitado que el gobierno le diera más protección, la cuál nunca llegó. Su muerte, a plena luz del día, se convirtió en un símbolo del deterioro de la seguridad y en uno de los factores que impulsaron esta marcha.
Miles de espectadores temían que el gobierno fuera a reaccionar de manera violenta, en una manifestación que esperaban que fuera pacífica. Al llegar al Centro Histórico un grupo de manifestantes derribó parte de las vallas de metal que fueron colocadas alrededor del Palacio Nacional como forma de protección. Esto provocó breves momentos de enfrentamiento contra las autoridades, quienes respondieron reforzando el cerco, utilizando extintores. Se reporta que al menos 100 policías resultaron heridos durante los enfrentamientos, mientras que aún no existe una cifra oficial sobre cuántos manifestantes pudieron haber salido heridos.
A pesar de esos incidentes, la mayoría de la marcha se mantuvo pacífica. Jóvenes marcharon con carteles que decían “No nacimos para sobrevivir”, “Queremos futuro” y “No más promesas rotas”. Para ellos, esta movilización es la culminación de años de vivir en un país donde la violencia se percibe como parte de la rutina y donde los cambios prometidos nunca llegan. Videos y testimonios publicados desde distintos puntos del país mostraron a adolescentes, universitarios y jóvenes marchando con el mismo mensaje.
El gobierno federal reaccionó cuestionando la legitimidad del movimiento. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que la protesta ha sido “inflada” por grupos de derecha y por campañas de desinformación en redes sociales.
“La gran mayoría de los que marcharon el sábado no eran jóvenes de la Generación Z”, dijo la presidenta durante su programa matutino de todos los días. Sheinbaum igualmente dijo que a la protesta también llegó un “grupo muy violento”, que buscaba derribar las vallas que protegían el palacio presidencial. También defendió la decisión de cercar el Palacio Nacional con vallas metálicas, argumentando que se trataba de una medida preventiva para proteger a las personas y a los monumentos históricos.
Por otro lado, el ex-presidente Vicente Fox, un conocido crítico de la presidenta, publicó en distintas redes sociales expresando su apoyo a los manifestantes. Fox lo ha llamado una marcha de dignidad, pidiendo a los ciudadanos vestirse de blanco y marchar pacíficamente contra la violencia y la corrupción, calificándola como una expresión ciudadana que no pertenece a ningún partido político, sino que exige un México más seguro y justo.